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sábado, 9 de noviembre de 2013

Las invasiones de los pueblos germanos en Hispania Vol. IX

Dificultades económicas al fin del  reino visigodo.

Según las crónicas, se constata que antes del 710 se produjeron una serie de malas cosechas y por lo tanto hambrunas, la peste de 693 entró por Septimania y afectó a todo el reino, se extreman las medidas contra los fugitivos, los nobles se esfuerzan por retener al mayor número de siervos posible debido a que se perdieron muchas vidas con la peste.

Todo esto frenaría el comercio regional y haría que comenzara a acuñarse la moneda con menos peso del metal.

El malestar social en el fin del reino visigodo

Por si fuera poco en un ambiente de fuerte crisis, las diferentes facciones de la nobleza siguen peleándose, por conseguir mayor riqueza y poder, se produce una diferencia abismal entre la minoría poderosa y la mayoría humilde. Así, el Aula regia dicta las leyes de Égica por las que se toman medidas contra el bandolerismo, contra la fuga sistemática que comenzaba a darse de esclavos, se confiscan bienes a los judíos, etc.

En el XVI Concilio de Toledo se dictaron además varias leyes contra el suicidio que comenzaba a darse, esto nos indica en que situación se encontraba la población.

Religión y cultura en el fin del reino visigodo

Además, este malestar social se aprecia también en la entrada masiva de población en las órdenes monásticas intentando escapar del hambre y de pagar impuestos. Incluso algunas élites nobiliarias entrarán a formar parte del clero.

 La Iglesia destacará en este período fundamentalmente por la simonía y por una vida privada licenciosa del clero (debido a la nueva gente que entra a formar parte de él).

No obstante, el concepto de Iglesia irá ligado al de literatura y cultura, ya que será gracias a ella por la que obtendremos los escritos que nos dejaron San Isidoro de Sevilla, San Julián, Ildefonso, etc.

miércoles, 6 de noviembre de 2013

Las invasiones de los pueblos germanos en Hispania Vol. VIII

La crisis política de los visigodos.


Gracias a todo lo relatado en las crónicas de la época podemos conocer lo que aconteció durante el período de declive visigodo, aunque no sea demasiado.

En el año 711 entraron los musulmanes en Spania y en menos de 8 años ocuparon casi todo el solar peninsular poniéndolo bajo tutela del califa omeya de Damasco. Los contemporáneos se hicieron eco de este suceso, y ello es visible en la «Crónica Pacense» o «Continuatio Hispana» de 714, escrita probablemente por un clérigo de Toledo. Para su autor la ruina del reino visigodo constituyó la mayor catástrofe de la historia de la humanidad.

Ya desde comienzos de la historiografía del reino asturleonés, se fue formando una explicación del suceso de 711. En las confecciones de estos autores se observa claramente la idea de “providencialismo”, es decir, que se debía a la Divina Providencia y que a cada catástrofe correspondía un Juicio de Dios.

La «Crónica Mozárabe» de 754 es la más reciente a los hechos. El autor se lamenta amargamente de la "pérdida de Spania" a manos de los invasores árabes, pero silencia los hechos de la resistencia astur.
Así, para la «Crónica Rotense» (San Pedro de Roda), la ruina se debió a un juicio de
Dios por razón de los pecados de Witiza y los obispos, así como a la traición de los hijos del primero.

Para el autor de la «Crónica Profética» de 883, también se debió a un juicio de Dios.
Esta idea se mantuvo en la historiografía posterior, como en la «Crónica Silense» del siglo XII y la «Crónica de Jiménez de Rada» del siglo XIII.

 Desde el punto de vista árabe tenemos las Crónicas de los tres hermanos Ar-razi, y las de Ibn Hayyán. No obstante, cualquier crónica no relata la verdad absoluta, ya que en todas se acaba mintiendo por interés, o equivocándose por ignorancia.

En los siglos XVII-XVIII, coincidiendo con las nuevas corrientes de pensamiento, hay un interés por ofrecer fuentes más depuradas, si bien no será hasta el siglo XIX cuando la crítica histórica presente hipótesis ciertamente razonadas.
 
▪ Félix Dahn: 

Así, en 1870 el alemán Felix Dahn era de la opinión que la crisis del reino godo no se debió a la invasión musulmana, sino antes bien a su propia descomposición interna, y daba como causas:
                                La desaparición de los pequeños propietarios.
                                El partidismo de la nobleza.
                                La lucha entre Iglesia y Estado.

▪ Simonet:

A partir de ese instante, los historiadores comenzaron a observar en los factores internos las verdaderas causas de la desaparición del estado godo de Hispania. Para el francés Simonet, las cuestiones endógenas fueron:
       El no lograr una verdadera fusión de razas, con minorías rebeldes.
      La profunda desigualdad social.
      La debilidad de la monarquía respecto de la nobleza.
      La corrupción administrativa y política.
    
 
▪ C. Sánchez Albornoz:

 Para C. Sánchez Albornoz, la pérdida de Spania se debió a:
             La lucha secular entre monarquía y nobleza, hecho que facilitó la extensión de los lazos de dependencia.
             La disminución de los hombres libres.
             El aumento de poder de la nobleza.
             La corrupción de la administración pública.
             La intromisión de la Iglesia en asuntos políticos.
             La protofeudalización del ejército.
             La formación de clientelas. La falta de fervor religioso.


▪García de Cortázar:


García de Cortázar es de una opinión parecida. A su juicio, en los momentos previos a la invasión, el reino estaba en crisis y en trance de desaparición como entidad política. Él cree que se conjugaban varios factores:
    


        Causas económicas (como malas cosechas, hambruna y pestes).
        Causas sociales (como minoría de ricos y mayoría de pobres, daría lugar a sublevaciones).
        Causas políticas (como la lucha de los linajes por el poder).
        Crisis institucional de la monarquía (los propietarios libres pasaban a ser dependientes de los magnates y latifundistas, mientras que la monarquía quería realmente una centralización)

Factores políticos, rebeliones u conjuras.

El triunfo de las aristocracias con la degradación del poder público hace que se confundan la propiedad con la autoridad, situación que permitió a los altos funcionarios convertirse en propietarios de los territorios que administraban.

En los últimos 15 años del reino visigodo la mayoría de la sociedad está marginada de poder decidir y contemplan con pasividad e indiferencia las peleas de los nobles. Debido a ello el espacio político se fragmenta en pequeñas células que sólo miran por sus interese propios y más inmediatos. A la muerte de Witiza en 710 se recrudeció la lucha por el poder entre dos facciones nobiliarias rivales, las familias de Chindasvinto y de Wamba. La nobleza, finalmente, entronizó a Rodrigo (perteneciente al primero de los bandos) con ayuda de la Iglesia en el Concilio de Toledo. Sin embargo, los descendientes de Witiza proclamaron rey a su hijo Agila II, que había sido asociado al trono por su padre. En esta situación de auténtica guerra civil, se produjo la intervención en Spania de los musulmanes.




Las funciones militares, fiscales, públicas y privadas se unen en la persona de los grandes propietarios. Disminuye la hacienda pública. Y por último en el XIII Concilio de Toledo se aprueba la protección de los grupos nobiliares, evitando que siervos y libertos fueran ascendidos a tal categoría por sus servicios, los nobles que fueron perseguidos durante el reinado de Wamba fueron indemnizados y garantía a los nobles de que serán juzgados por un tribunal de sus iguales. Además, Ervigio revisó el Liber Iudiciorum y cambió su sentido.

lunes, 4 de noviembre de 2013

Las invasiones de los pueblos germanos en Hispania Vol.VII

Hola a  todas  y todos,

Hoy  para variar un poco, dejaré  de lado la palabra escrita para mostraros  un pequeño vídeo-resumen   sobre  las invasiones  germánicas en la Península Ibéirca












Podéis encontrar multitud  de vídeos  en la red  que os pueden resultar  útiles para la comprensión de estos temas, desde sencillos y  cortos  a  un poco más complejos y largos. Yo  os animo  a que busquéis  si tenéis interés. Sobre todo  a los estudiantes, pues  es una manera   mucho más dinámica  de estudio, comprenderéis y captareis mejor y más rápido el discurso histórico.

domingo, 3 de noviembre de 2013

Las invasiones de los pueblos germanos en Hispania Vol.VI

La ciudad y la vida urbana


A partir del siglo V se produce una ruralización de la población que va emigrando de las «civitas» a los «vicus», por ello muchos de los vicus terminarán por amurallarse.

No obstante, las ciudades que no desaparecen conservarán todos los edificios públicos romanos que ya tenían y se añadirán otros como:

·Arquitectura militar: Murallas, fosos, portones, palacios fortificados,…
 ·Arquitectura religiosa: Palácios episcopales, oratórios, conjuntos de monastérios,...
 ·Arquitectura civil: Almazaras, Casa del Concejo, Cárceles, etc.

Sin embargo, a partir del siglo VI ya no se podrá distinguir la arquitectura visigoda debido al proceso de aculturación que sufren los visigodos asumiendo los rasgos hispanoromanos.



  La sociedad visigoda.

La organización social de la heterogénea población visigoda conservará la división social, es decir, las grandes diferencias entre las clases adineradas «patricios» y los siervos. Ahora podremos distinguir:

                                La nobleza

La nobleza visigoda a nivel político recibe el nombre de «magnates», y éstos están habitualmente instalados en la corte, ostentan cargos políticos y religiosos, además de a su vez ser poseedores de grandes latifundios en sus respectivos vicus o grandes palacios en las ciudades.

Pero la nobleza será propensa a rivalidades entre los distintos linajes, en general contra el linaje más alto y con más poder, el de los «balthos», del que formarán parte la gran mayoría de los monarcas del siglo V.Es una clase ociosa.

                                         El clero

El clero irá ganando privilegios sobre todo a partir de la conversión general de la población al cristianismo en el Concilio de Toledo, y de su entrada en el Aula Regia.


Los obispos vivirán en las ciudades con palacios episcopales y ostentarán un poder político (en el Aula Regia) y un poder religioso (en los Concilios de Toledo).
Sin embargo, es de ellos de quienes depende la recaudación de impuestos y el nombramiento de cargos judiciales, ya que los obispos son personas letradas y suponen una garantía de gestión. Esta delegación de poder de la monarquía sobre la iglesia se lleva a cabo para poder controlar mejor a la plebs y justificar así de algún modo su legitimización divina como monarcas.
De este modo, una parte de la justicia cae en el «conde» de la ciudad en Primera
Instancia, pero es sobre el obispo en quien recae en Segunda Instancia.
El patrimonio de los obispos iba incrementándose gracias a los cargos públicos remunerados que ostentaban, las herencias que recibían y las tasas cobradas en los procesos judiciales; pero lo que realmente constituía su sistema de autofinanciación era la «simonía» (la venta de cargos religiosos generalmente comprados por magnates).

Así que siendo una clase exenta de pagar impuestos, solían dedicarse a conceder préstamos, mientras además tenían el monopolio sobre la enseñanza. Es una clase ociosa.

                         La plebs urbana

La plebs urbana estará constituida por aquellos ciudadanos libres que no provienen de la nobleza, que desempeñan actividades comerciales y que viven en ciudades. Sobre ellos y sobre el campesinado rural recaerá la carga fiscal del Reino.


Dentro de esta plebs encontramos a los marginados, un grupo constituido por pobres, prisioneros de guerra, personas con defectos físicos, etc.

sábado, 2 de noviembre de 2013

Las invasiones de los pueblos germanos en Hispania Vol. V

La economía  y la vida rural en el reino visigodo. 


La economía visigoda giraba en torno a una agricultura y ganadería de subsistencia, la artesanía y el comercio se vieron reducidos por ser actividades ligadas a las ciudades.

La vida rural viene destacada por el sistema de explotación denominado vicus, heredero de las antiguas villas romanas. A su vez, todas las ciudades visigodas son administradas judicialmente por un «iudex».
Sin embargo, hay que destacar que a medida que nos acercamos al año 711 y sus momentos posteriores se registra un aumento de los latifundios, hecho que se debe a que al no haber un poder central los magnates intentarán ocupar más tierras ya sea comprando o ocupando militarmente.
Este aumento de territorios se traduce en un aumento de poder al disponer de un mayor contingente de vasallos al servicio de cada magnate.

                   La producción  agropecuaria.

Los cultivos están condicionados por las características geográficas de la península, por ello se distinguirán claramente tres de ellos, el cultivo de cereales, la vid y el olivo. Los cereales se darán sobretodo en la zona de Castilla, la vid en el Sureste y la meseta, y los olivos en Andalucía.

Una parte de la producción de estos cultivos iba destinada a los propios visigodos, pero la otra se exportaba. A estos tres tipos de cultivos hay que añadir otros tipos de cultivos de secano que también se daban y la meseta y los cultivos de regadío que se daban en las proximidades de los cauces fluviales y que comprendían sobretodo cultivo de árboles frutales y hortalizas.

En cuanto a la ganadería, ésta se basaba esencialmente en el ganado vacuno, ovino, caprino y porcino. Pero lo que más abundaba sobre la geografía peninsular eran los grandes rebaños de ovejas y cabras, que proporcionaban carne, leche, queso, y en el caso de las ovejas además, lana.


La cría de cerdos era también muy importante para la alimentación y para los abonos del campo. El buey y el toro se utilizaban sobre todo para la labor del campo. La cría de caballos se empleaba también como alimentación, pero sobretodo como arma de guerra.

         





                                El comercio

El comercio era fundamentalmente de carácter local, aunque esporádicamente se realizaba uno a nivel regional para vender excedentes de trigo, vino y aceite. Sin embargo, una de las principales fuentes de exportación era la de los esclavos (hombres para trabajos agrícolas, y mujeres como concubinas).

Los visigodos continuarían utilizando la red de trasportes que dejaron los romanos, las calzadas, sin embargo, éstas serían inseguras por el bandidaje. Normalmente solía utilizarse la carreta tirada por dos bueyes para los desplazamientos, aunque en ocasiones se prefería la mula por ser más rápida.

El comercio también se realizaba por vía fluvial a través del Guadiana, Guadalquivir, Tajo, Duero y Ebro, que eran navegables. Por otro lado también se daban unas ferias anuales de ganado en el Norte peninsular y mercados semanales.

                           La moneda.

La acuñación de moneda visigoda comienza sobre el siglo VI, un período donde coexistirán monedas imperiales romanas y las nuevas monedas visigodas. No obstante, ya por esos tiempos era habitual la falsificación de moneda.


El sistema monetario visigodo fue monometalista, basado en el oro y ajustado al patrón ponderal de libra romana. La moneda visigoda nos ofrece el documento histórico más objetivo de su época, a la que sirvió como medidor de su economía, a lo largo de la evolución de su sociedad. En época de Leovigildo, la moneda responde con su propaganda de tipos y leyendas a universalizar ese sentimiento nacional. Las primeras emisiones visigodas siguen, al igual que las de otros pueblos bárbaros, las normas impuestas por Roma.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Las invasiones germanas de los pueblos germanos en Hispania Vol. IV


La población   de Spania, reino visigodo.


La población era muy variada y heterogénea, con una gran diversidad de razas y pueblos. El hecho de que Leovigildo permitiera los matrimonios mixtos y Recaredo se convirtiera al catolicismo, haría que se fundieran las diferentes culturas y creando un nuevo grupo que sería el Hispano-visigodo. El único grupo que no se mezcló fueron los judíos.

En este momento se empiezan a utilizar nombres romanos en vez de visigodos.

La población romana

Eran unos 5.000.000 de personas, el 90% del total de la población peninsular. Se extendían por todas las provincias, especialmente por la Tarraconensis y los valles fluviales.
También había numerosos grupos en las zonas del norte.

Las principales ciudades era:
 ·En la Tarraconenses:
                                       Zona Oriental: Ampurias, Gerunda, Barcino y Tarraco.
                                       Zona Interior: Caesar Augusta, Ilerda, Osca y Calagurris.

 · En la Cartaginenses: Saguntum, Valentia, Dianum, Ilici y Cartago Nova.

· En la Baetica: Malaca, Corduba e Hispalis.
· En la Lusitania: Emerita Augusta.

· En la Gallaecia: no había ciudades importantes con población romana, pues allí se habían establecido los suevos y era una tierra periférica sin importancia con malas comunicaciones con el resto peninsular.


La población visigoda y germana

El grupo germánico más importante era el de los visigodos. Establecieron un reino en
Tolosa, pero lo perdieron en la Batalla de Vouillé. A partir de ese momento emigraron a la península, constituyendo el Reino de Toledo.

Los suevos establecieron un reino propio en la Gallaecia, con dos ciudades importantes: Braga y Oporto.

El porcentaje de población germánica era en torno al 5% del total peninsular.
Había dos tipos de asentamiento:
                            El vicus (asentamiento popular):
                            Las ciudades (asentamiento aristocrático-militar).

La población oriental

Mayoritariamente eran sirios (musulmanes) y griegos. Se situaban en el levante y en el sur, en los principales puertos, debido a su condición de comerciantes. Emerita Augusta, Hispalis y Corduba tenían un gran número de orientales por su amplio comercio.

La población judía

Desde el 212 se les considera romanos de pleno derecho por el Edicto de Caracalla.

Eran de religión distinta a la mayoría, se dedicaban al comercio y a las actividades artesanales, y algunos eran ricos propietarios de tierras.

jueves, 31 de octubre de 2013

Las invasiones de los pueblos germanos en Hispania Vol. III

Las invasiones: convivencia, continuidad o ruptura:

Unos investigadores nos hablan de convivencia, otros de continuidad de costumbres y otros de ruptura en la sociedad del momento.
En el caso de Orosio, éste nos habla bien acerca de los germanos, añadiendo que trataban a la población local de hispanos como amigos. Pero otros pueblos como cantabros, astures, vascones, vadineneses, aunonenses, caristios, autrigones, vardulos, verones y turmogos, nunca se mezclarían con la población y permanecerían en las montañas del norte peninsular.

Es justo apuntar que las invasiones germánicas no ocasionaron en Hispania una ruptura profunda de la continuidad histórica. Los pueblos bárbaros y sus monarquías nunca pretendieron acabar con el Imperio ni transgredir su orden social, pero la evolución hacia este ocaso fue un proceso gradual perdurando formas de la antigua sociedad junto a otras nuevas.

El fenómeno que nos permite comprobar la continuidad histórica es la perduración de una aristocracia romana entre los siglos V-VII y mantendrá su preeminencia social al lado de una aristocracia germánica.
Cuando los Visigodos llegan se encuentran una civilización claramente urbana y sobretodo asentada junto a los cauces fluviales. Conservarán las divisiones provinciales romanas y se establecerán como la élite dirigente conservando a los patricios romanos como gobernadores de las ciudades.

Así, los Visigodos usarán también el sistema romano existente de calzadas, solo que con la diferencia de que ahora ya no habrá que abastecer a Roma y habrá que buscar nuevos mercados, por ello muchas de las calzadas dejarán de utilizarse y consecuentemente las ciudades próximas a las mismas y que se beneficiaban de ellas por su proximidad irán desapareciendo poblacionalmente.
Ahora, algunas ciudades dentro de cada provincia cobrarán aun mayor importancia por convertirse en ciudades políticas y administrativas bajo el gobierno de un «comes» o «dux», y cada provincia además tendrá varias sedes episcopales.

Por otro lado, se extiende el uso generalizado por ley de un tipo de asentamiento llamado «vicus», que es simplemente una evolución de las anteriores villas romanas, constituidos por unas poblaciones de 200 a 2000 habitantes. Los visigodos tienen un marcado carácter rural debido a sus orígenes, pero al frente de estos
vicus se encontrará un «magnate» que cederá las tierras a los campesinos para que estos las trabajen, no obstante, en prácticamente la totalidad de los casos estos magnates serán los anteriores patricios ya que la élite visigoda necesitará su apoyo para poder mantenerse en el poder.


Estos vicus se constituían en asociaciones de vecinos para poder regular actividades cotidianas como el uso de pastos, o incluso tratar las decisiones del Aula Regia y de los Concilio de Toledo.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Las invasiones de los pueblos germanos en Hispania Vol. II

La Construcción de la monarquía visigoda

La consolidación del territorio y la religión:

En 468 el rey Eurico abandona la capital de la Septimania (Tolouse) y se traslada con toda su corte a Hispania (se establecen en Mérida). Así, los visigodos que llegan a Toledo, años más tarde no vienen del norte sino del sur de la península.

Eurico redacta la primera legislación de la península «El Código de Eurico», consistente en una mezcla entre la tradición germánica más una parte de las leyes romanas que defienden a los ciudadanos. No obstante, aunque toman una serie de medidas favorables para la convivencia, uno de los principales problemas entre hispano-romanos y visigodos será la religión, y la férrea obstinación en que la población cristiana indígena se convirtiera al arriananismo.

A Eurico le sucedió Alarico II que fue derrotado en la batalla de «Vouillé» en el año 507 por los francos, obligándoles a abandonar todos los territorios más allá de los Pirineos, excepto la Septimania. Con esto se inicia un proceso de entrada masiva de los visigodos en la Península que durará hasta el 535, aunque previamente ya habían comenzado las migraciones de campesinos hacia Hispania 494-496, motivadas por el descontento popular ante la situación económica del reino de Toulouse y la presión de los francos que pretendían expulsarles de la Galia.

No obstante, el Reino Visigodo de Toledo comenzó a cobrar entidad durante el reinado de su fundador, Leovigildo (568-586), debido a su política interior:

                                Unificación política.
Leovigildo consiguió implantar un dominio político efectivo en la mayor parte del territorio peninsular. Se impuso a la aristocracia hispano-romana de la Bética (573-576) y anexionó el reino suevo (585), y contuvo a los vascones.

La franja costera que va desde Valencia hasta Cádiz, ocupada por el Imperio bizantino desde principios del siglo VI, fue incorporada más tardíamente, en el 625, bajo el reinado de Suintila. Sin embargo esta política ya había nacido de Leovigildo.

Con prácticamente todo el panorama peninsular unificado, durante el siglo VI encontraremos el territorio visigodo dividido en 8 provincias (Galecia, Autrigona, Septimania, Iberia, Lusitania, Aurariola, Hispalis y Bética), y durante el siglo VII dividido en 9 al añadirse las Islas Baleares.






                                        Unificación civil.
Leovigildo tomó medidas encaminadas a promover la fusión entre visigodos e hispanorromanos favoreciendo los matrimonios mixtos, base fundamental para la formación de un verdadero reino.

                                       Unificación religiosa.
Leovigildo intentó desesperadamente la conversión generalizada de toda la población
hispano-romana al arrianismo, hasta el punto que tras enviar a su hijo Hermenegildo al sur a gobernar la Bética y enterarse de la conversión de éste al catolicismo le mandó asesinar. Dato curioso ya que poco después durante el reinado de su otro hijo, Recaredo (586-601), se produciría la conversión formal de todo el pueblo visigodo al Cristianismo en el III Concilio de Toledo (589).







Sin embargo, a principios del siglo VIII durante el reinado de Witiza (700-710) se observa la fragmentación de los espacios sociales y políticos del poder visigodo, unido a problemas económicos como hambrunas, brotes de peste; tensiones sociales, etc. A su muerte su hijo debía haber heredado el reino, sin embargo se produjo una guerra civil entre dos facciones nobiliarias rivales, las familias de Chindasvinto y de Wamba (cada una quería entronizar a un rey distinto, Rodrigo (de otro linaje) y Agila II (heredero), respectivamente.










La guerra estaba tan igualada que los hijos de Witiza, a través del gobernador de
Ceuta, solicitaron ayuda a los Bereberes de la Tingitania (recientemente islamizados) y que se encontraban bajo el gobierno del gobernador de Ifriquiya, Muza, y su general Tariq. Rodrigo, que se encontraba combatiendo a los vascones, acudió inmediatamente para hacer frente a los invasores.

En el 711 se produjo el encuentro entre los dos ejércitos en la batalla de Guadalete donde se dio la derrota y muerte de Rodrigo. El vacío político que se daba a continuación fue aprovechado por Muza, que desembarcó a unos
15.000 – 25.000 soldados en la península y en solo 3 años ya habrían conquistado casi toda la península en dos oleadas, la de Muza y Tariq, y la de Abd-al-Haziz.


El sistema de conquista se realizó con dos estrategias:

                  ▪ Militar (con las poblaciones que presentaban resistencia).
                  ▪ Pactos (con aquellas poblaciones que veían una forma de evitar muertes).

Un ejemplo claro de la estrategia de pactos la encontramos en Orihuela, donde las fuentes nos hablan de cómo el Conde Teodomiro, ante la muerte del rey visigodo y no tener a quien rendir pleitesía, firma la capitulación y Abd-al-Haziz a cambio respetará sus dominios, leyes para la población, y se acuerda que una parte de los impuestos podrá quedársela el propio Teodomiro, y la otra habrá de ser entregada.


Instituciones de gobierno

Officium Palatinum: Era el séquito de asesoramiento del rey, estaba formado por «magnates» de su confianza, por debajo de ellos estaban «gardingos» que eran miembros de la nobleza goda que conformaban su guardia real, en ocasiones eran compensados con tierras reales y se convertían en «comes» (condes).

Aula Regia: Es un órgano asesor y consultivo formado por un elevado número de «magnates» (algunos de ellos forman también parte del Officium) y también obispos. Elaboran las leyes que habrán de ser firmadas y refrendadas por el rey.

Concilio de Toledo (18 concilios): Será presidido por el rey y con el tiempo estará asesorado por el «Primado de Spania». Trata sobre todo cuestiones relacionadas con la fe y vinculadas a la política.

El Aula Regia y los Concilios de Toledo

Hasta el Tercer Concilio de Toledo (cuando se produce la conversión formal de la población al Cristianismo) solo se podía elegir a un rey de entre los «magnates», pero entonces se decretó que también se podía elegir a un rey de entre los obispos. De mismo modo se hace una distinción entre el patrimonio del reino (que no se puede tocar) y el patrimonio real (que es heredado).

En el Cuarto Concilio de Toledo, se decide excomulgar al rey Quintila por haber cogido parte del patrimonio del reino para venderlo y pagar a sus tropas.

Durante el Octavo Concilio de Toledo, es cuando se compila la legislación del «Liber
Iudiciorum».

En el Decimosegundo Concilio de Toledo durante el reinado de Ervigio (680-687) en se elige al Primado de Spania, máximo poder sobre los obispos.

El derecho Hispano-Visigodo.

En la península la población era muy heterogénea, la mayoría eran hispano-romanos, pero también había otros pueblos como los astures, cantabros y vascones que jamás llegaron a romanizarse, conservando así su idioma, su religión, y su derecho. No obstante, la unidad jurídica sobre el Reino Visigodo se consiguió con la promulgación por Recesvinto (653 – 672) del Liber Iudiciorum o fuero juzgo (654), código de validez territorial por el que debían regirse todos los jueces.

Así, el derecho Hispano-Visigodo, era una ordenación de la vida social con carácter vinculante. Este derecho Hispano-Visigodo era la suma del derecho romano y del derecho consuetudinario germánico. Las “Etimologías” de San Isidoro de Sevilla nos proporcionan la única información que tenemos sobre el derecho visigodo, ya que no se conserva ningún ejemplar de este derecho.